Un par de letras no tan sueltas: Desrutinando sensualmente la semana

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GBA3 RELATO

Relato

Por: Sergio S. Mallea

  1. .. Insensiblemente apagado. ¿Quién no se ha sentido así en algún momento de la vida? Extrañamente, en la mía, no son etapas que se alejan lentamente por los cielos mientras uno les ve la cola emplumada debajo de sus dos péndulos opuestos, horizontalmente antigravitatorios. En mi caso van y vuelven, son etapas que no finalizan y por lo tanto, no son etapas. Son semanas grises opacadas por el llanto del descuido intermitente en el pasar de cada hora. Son cambios de rutinas que evitan la costumbre de sentarme a escribir semanalmente, diariamente, en cualquier instante. Como si usted por un momento descubriera que puede vivir sin respirar, que ya no le son necesarios sus pulmones para seguir caminando, hablando, trabajando, universalizando los actos rutinarios de la vida monótona que corre hacia el abrazo al despertar y el consuelo al descansar por las noches. Esas malditas…

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Un par de letras no tan sueltas III: Qué le van a hablar de Arte…

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MAT7 MALLEA Por: Sergio S. Mallea

mallea.correo@gmail.com

En un rinconcito de la clínica… Entre cuatro paredes semitransparentes, realiza su trabajo rutinario. Aprovecha los momentos que le sobran para descansar, cuando no se requiere su presencia. A ella le pagan por transfundir sangre. Por el sencillo trabajo de sustraer pero más que nada de reponer aquella sustancia espesa que prolonga cualquier vida el tiempo razonable para curarla, o no. Con su traje de iguales colores, camisa extraña pero no descontextualizada. Acorde al entorno, a su empleo, a su vida. Sus días y sus noches se unen en cada jornada, abrazándose fuertemente como para no dormirla, largando gotas de calorías que tienen como destino su cuerpo, herramienta fiel de trabajo. Si se la encuentra con los ojos cerrados, puede que esté durmiendo, pero por lo general está pensando, meditando, aclamando un respiro.

Pocos saben su nombre, es la misteriosa rubia y bella, anormal…

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Un par de letras no tan sueltas II: Lluvia inesperada

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GBA2 MALLEA

No lo niego, el primer día fue sorpresivo para todos. Pocos supieron apreciar que eran espectadores de un hecho histórico que cambiaría sus vidas. Insensibles, monótonas y regulares vidas. Pocos se atrevían a disfrutarlo como tal, la naturaleza nos ofrecía un recreo intolerablemente hermoso. Y ante lo intolerante sabemos que hay que dejarse llevar por el sendero perdido del gusto que tarde o temprano llega. El disfrute, el sacarle un provecho interno sentimental. Abstracto.  Entiendo que hacía frío, pero convengamos que se matan suficientes vacas para cubrirnos de cuero, miles de ovejas se esquilan y muchas empresas plastifican indumentaria para calentar nuestra piel. El frío no era un problema, los receptores de ese diluvio sí.

Por: Sergio S. Mallea

Un abuelo con cataratas en sus ojos, que veía mucho más con sus oídos que con la mirada, escuchaba atentamente cómo las gotas se empastaban contra la chapa del techo en…

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Un par de letras no tan sueltas: A costa del amor

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MAT6 PHILIPS

Por: Sergio S. Mallea

mallea.correo@gmail.com

La neblina acariciaba sus mejillas… Y a unos metros nomás el pescador apaciguando su desconsuelo mal afortunado de no poder decirlo, la observaba. Ella, sentada de una manera tal que disimulaba el lugar, transformándolo en paraíso. Adelante la neblina astuta que se interponía entre ambos. Como si lo hubieran charlado de antemano, hombre y pequeñas gotas flotantes y humedecidas más que de costumbre, decidiendo el destino, los lugares que cada uno iban a ocupar, los silencios, las miradas que tan solo iban pero no regresaban, y las caricias destinadas a la niña, que se transportaban entre la humedad volátil, pero que eran enviadas por el caballero, tímido como un azulado colibrí herido.

Cual dos amigos, mientras la señorita permanecía en su soledad ficticia, se contaban sus secretos, la neblina tenía muchas historias que contar pero para poder sumar otra a su almacén de relatos decidió…

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Siempre creí que íbamos a estar unidos, por el hilo más gastado, del saco más viejo. Que el sol iba a delinear su sombra en el pasto, y que esa sombra se iba a entremezclar con la nuestra ya fundida. Que el sol iba a ser nuestro amigo y la luna una hermana en común que nos invite a abrazarnos más fuerte a causa del frío. Siempre creí muchas cosas, que tanto desconcierto iba a ser por algo, que todo tenía significado, que lo que nada parecía, mucho era y que la muerte y su miedo latente solo se esfumaba, para transformarse en uno de esos recuerdos empolvados en alguna esquina del gastado cerebro. Que el cigarrillo, así como la tristeza, formaría una bola que sería expulsada hacia la pared del infinito, donde ya su silueta, masa y peso no serían visibles, como tantos otros recuerdos que fueron depositados allí, tantos otros desamores, personas, objetos, sueños. Creía que esa pared se iba a tapar, para darle el espacio necesario que necesita la felicidad y poder recibirla con los brazos abiertos, cuatro brazos, que con el tiempo serían seis, tal vez. Lo creía.
Y se me culpa por haber creído, por soñar desde una base endeble como el primer escalón roto, que por ser el primero, nadie lo arregla y lo saltean sin dudarlo. Yo soñé en base a esa rotura, y se me ha echado en cara, con el silencio. Muchos silencios he tenido que afrontar en mi corta vida, muchos, algunos más largos otros temporales, pero son todos iguales, tienen una matriz horrible y asesina, tortuosa, mezquina, ruidosa. Porque detrás de un silencio hay alguien que quiere gritar. Llorar, mirar, abrazar, caminar. Se puede. ¡Claro que se puede! Caminar en silencio, besar en silencio, abrazar, contraer, soñar, liberar, pensar, amar. Y hasta expresarse, lamentablemente, se puede realizar en silencio. Aquello que se expresa detrás de un sin ruido, indudablemente, es lo más triste que se puede escuchar luego de haber amado tanto.

De golpe las nubes que no estaban aparecen por detrás de los carteles publicitarios. Acechando mediante una danza de lujuria entre ellas, mezclas asexuadas de algodones sin escrúpulos, grises, oscuras. Formando una pangea aérea, una cubierta de nylon con interrupciones en sus costuras, enredados rayos, puentes al infinito. Palabras sueltas y sin sentido, si apareces y rescatas lo que queda del respiro inmediato a la falta de sorpresa. Si vienes por aquella esquina, si alguna de aquellas tantas cabelleras doradas contiene tu rostro angelical y rudo, definitivamente hermoso. Si te apareces de la nada, surgiendo de mi imaginación que lamentablemente es mucha y aturde. Si mis ojos son honrados al verte y ni te digo si mi cuerpo… si mi cuerpo tiene la suerte de abrazarte. Si así sucediera, sería el abrazo más largo de los que hayan existido, entraríamos a la historia, como dos amantes extraños que se abrazan hasta que el nylon de las alturas se convierta en atmósfera, luego en nubes y finalmente en estrellas. Entraríamos a la historia, por haber creado un mundo, un ecosistema nuevo, con flora y fauna propia, edificios enanos que dejen ver el horizonte, cuadros colgados de los árboles, y árboles colgados del cielo. Cabras con sombrero elegante, linyeras danzando con el estomago lleno, contenedores de basura repletos de materialismo. Abrazos infinitos en liquidación. Si vienes por aquella esquina, haremos historia. Nuestra historia.

Sergio S. Mallea

Niño de nube

Niño de nube ve a estudiar
niño de nube ve a jugar
sigue con tus dibujos
o comienza a redactar
poesías a tus padres
o solo ve a descansar.

Niño de nube
sigue volando
gracias por el momento
que nos has hecho soñar
niño de nube déjanos volar
unos hermosos años más
y baja donde tu quieras bajar.

Sergio S. Mallea

25 de junio de 2013

 

Dame el elixir de tu sonrisa
para alimentarme de tu alimonada fragancia del suspiro
tus soles apaciguados por un cansancio luchador
poco invencible
tan solo por movimientos
sensuales y texturados
que despertarán
al salvaje domado
por un sistema acartonado
de comidas veloces
y poco nutridas.
Aliméntame
por nuestras agujas erectas
que marcan las doce
pretendiendo la atención
de dos amantes perdidos
entre suspiros alimonados
que viajan en rollers
de una estación a otra
con pasaje de ida y vuelta
e ida
y vuelta
hasta poder encontrarse
entre las nubes de los sueños
y los abrazos
inmóviles
de aquel cansancio
que vale la pena tener.

Dirás que soy dramático pero temo amarte. No por situaciones pasadas, en
las que puse el corazón y recibí tan solo entrañas y dolores. Temo amarte
porque cuando amo luzco cruel y sin sentido. Tengo una enfermedad y se
llama escritura. Debo expresar cada cosa que siento y presiento. Cada grito
inhumano, cada suspiro materializarlo, redactarlo, decorarlo con frases
bonitas y ridículas. Mis letras son mi abrigo y mi piel es un papel.
Escribí más de lo que amé, sufrí menos por hacerlo. Pero he escrito. Y allí
están las memorias de una vida incoherente a lo normal. A veces me siento
un lápiz que debe escribir o morirá en el intento de no hacerlo. En ése
dulce y tentador intento de no querer expresarlo todo, de ser normal al
sistema y dejar fluir los sentidos frente a estímulos instantáneos,
veloces, pasajeros. Temo que seas más que un estimulo instantáneo y tengas
que vivir el resto de tu vida atada a este sufrimiento de leerme.
Sergio S. Mallea